Por Isabel Chaverra y Juan Camilo Botero, Sintonía de Vida

Es un día de invierno en la ciudad de la calma, todo lo cubre un manto blanco, una nieve diferente y con un color que no había visto antes. Tiene un brillo naranja, como el naranja de algunas luciérnagas en la noche por la presencia de la luciferina, compuesto que tienen estos organismos bioluminiscentes para iluminar la noche y darnos siempre señales de nuevas ilusiones.

Entro al hospital Sócrates, donde las preguntas son importantes y las respuestas definen tu bienestar. En una habitación pequeña, Nacha, de 30 años, tiene hoy en su cabello un moño naranja que trae recuerdos de una historia pasada. Nacha tiene una hija.

Hoy esta mujer tiene dolor en su abdomen y lágrimas de angustia, se siente agotada, siente que su intestino le habla, y le dice que algo no está bien. Desde hace un año presenta dolor de cabeza, dolores musculares, fatiga, dermatitis y síntomas de tristeza y apatía. 

Me senté tranquilamente al lado de Nacha y, con el tono conciliador de un padre, comencé la tarea de indagar sobre su vida, en esos momentos donde la noche oscura ocupa su mente. Su estilo de vida es un caos, no duerme, su cuerpo olvidó hacer actividad física, su dieta es rica en helados y dulces, vive pegada del techo por la angustia que lleva en su cuerpo. 

El intestino es gobernado por un sistema nervioso entérico, el cual es una ramificación del sistema nervioso autónomo con una red compleja de más de cien millones de neuronas. En su interior vive la microbiota o flora intestinal, compuesta por 100 billones de microorganismos, de los cuales hay 1.000 especies de bacterias con un promedio de 3 millones de genes que no solamente se encargan de digerir los alimentos, también tienen múltiples funciones como son: fortalecer el sistema inmune, sintetizar vitaminas como la vitamina K y el complejo B, y absorber oligoelementos, siendo las bacterias más importantes en este engranaje el firmicutes y los bacteroidetes. 

¿Qué es el segundo cerebro?

El equilibrio entre la microbiota (flora intestinal y genes) y el intestino se ha llamado el “segundo cerebro”, y lo más interesante es que tiene su propia autonomía y su disbiosis o pérdida del equilibrio, lo que lleva a que el segundo cerebro piense con angustia y estrés, alterando su ánimo y desencadenando enfermedades inflamatorias o neuropsiquiátricas.

La serotonina o la hormona de la felicidad se producen en un 90 % en el intestino, y la dopamina que nos ayuda a motivar en un 50 % y a tener un movimiento del intestino saludable, a mejorar nuestro estado emocional y a mantener la calma que necesitamos en algunas circunstancias de la vida.

La flora del intestino puede alterarse por el estrés crónico, el uso recurrente de antibióticos, una alimentación inadecuada, el sedentarismo y la mala gestión de las emociones. 

En una revisión realizada por la doctora Marta Grochowska y colaboradores, en la revista Acta Neurobiol Exp, se explica la relación entre la microbiota intestinal, el «segundo cerebro» y la génesis de patologías como la depresión, la ansiedad, el autismo y la esquizofrenia, en donde se evidencia una clara alteración de la flora intestinal predominando los firmicutes y con una baja de los bacteroidetes, con la alteración de los neurotransmisores de la felicidad donde bajan la serotonina y la dopamina.

Las recomendaciones

Nacha recibió con cariño y receptividad cada recomendación que su grupo de tratantes le fue enseñando de una manera muy saludable, como son:

  • Dormir de seis a ocho horas para lograr un equilibrio en tu microbiota intestinal. Imagina que cuando tú descansas, la flora del intestino también lo hace.
  • Evitar grasas saturadas, exceso de alcohol y azúcares refinados, y comenzar una dieta diversa rica en fibra y en verduras como el brócoli, la remolacha; frutas como manzanas, fresas, arándanos, uvas; tomar agua o té verde.
  • Es importante gestionar el estrés crónico y la ansiedad por medio de la inteligencia emocional. 
  • Realizar la actividad física que te guste como bailar caminar, correr, ir a piscina y la realización de Yoga o Mindfulness. 
  • Una alternativa para mejorar la microbiota intestinal en los trastornos depresivos u otras patologías, ayudando a modular los diferentes neurotransmisores, es el uso de probióticos, que son microorganismos vivos que están en los alimentos fermentados ricos en lactobacilos, como es el yogur kéfir o por medio de suplementos que favorecen el crecimiento de las bacterias “protectoras“, como lo son las bifidobacterias.
  • No olvidar la vinculación y la relación con el entorno social, tener un refuerzo social positivo y seguro, que mejora la salud de tu intestino
  • Evitar la automedicación y, si es necesario el uso de antibióticos, que estos sean ordenados por un profesional de salud para su uso correcto.

Para terminar, el segundo cerebro, donde el sistema nervioso entérico con su microbiota del intestino, no piensa, sin embargo sí siente, es sensible a las emociones, a los pensamientos, a la dieta. Con las anteriores recomendaciones se puede lograr una vida saludable y un intestino fantástico.

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