Por Juan Camilo Botero, Sintonía de Vida

Por una ventana observo a Morris y a su familia. Esta ventana es pequeña, de un color rosado pálido y tan brillante como el diamante Pink Star. Elevo mi brazo con un gesto de gratitud infinita y con un movimiento ondulante anuncio mi partida.

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En la silla donde estoy sentado, mirando por la ventana muy relajado, en completa calma y escuchando de música de fondo la primavera de Antonio Vivaldi, con sus majestuosos violines y una energía que me produce gran serenidad al estimular mis ondas alfa cerebrales, reflexiono sobre la vida y sobre el destino como un compañero de viaje tan ambiguo, variable y complejo; sin embargo, en esta experiencia la gran lección que asimilé es que necesitamos estar bien con nosotros mismos, relativizando los miedos, las preocupaciones y las frustraciones para transformarlos en aprendizajes y enseñanzas.

Profundicemos sobre las ondas cerebrales

Nuestro cerebro tiene comunicación por medio de neurotransmisores y de cargas eléctricas por lo que podemos llamarlo un órgano electroquímico. La actividad eléctrica de las conexiones neuronales origina procesos cerebrales dinámicos, creativos y beneficiosos para la salud. 

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La calidad y el contenido de nuestros pensamientos crean diferentes tipos de ondas cerebrales que nos pueden producir ansiedad, hipervigilia o, por lo contrario, estados de calma, sueño y serenidad.

Las ondas cerebrales fueron descubiertas por el psiquiatra alemán Hans Berger en los años 20 del siglo pasado; se miden en ciclos por segundo o hercios (Hz) y se registran por medio de un electroencefalograma (EEG).

  • Las ondas beta tiene una frecuencia de 12 a 33 Hz y se evidencian cuando hay una actividad neuronal intensa en situaciones de alerta o gran concentración como es hablar en publico o presentar un examen. Una sobreactivación de estas ondas pueden llevar a cuadros de estrés, angustia o ansiedad.
  • Las ondas theta favorecen la creatividad y la imaginación. Se logran en estados de gran relajación y meditación profunda. Nos ayudan a soñar despiertos. Tienen una frecuencia de 4 a 8 Hz.
  • Las ondas delta son de mayor amplitud y frecuencias de 1.5 a 4 Hz, son muy frecuentes en la población infantil y se gestan en el sueño profundo. Son útiles para fortalecer el sistema inmune.
  • Las ondas gamma se originan en el tálamo. Son las de mayor frecuencia y menor amplitud, con 25 a 100 Hz, y reflejan una alta actividad cerebral conveniente para nuevos aprendizajes, sedimentar nueva información y procesos cognitivos de alto nivel como la percepción y la toma de conciencia. Pueden registrarse en estados de meditación.
  • Las ondas alfa tienen una frecuencia de 8 a 12 Hz y se elevan en situaciones de relajación, favorecen el bienestar y nuestra creatividad. Facilitan que nuestros estados mental y corporal interno estén en sintonía, en un fascinante equilibrio para reducir los estados de zozobra y desesperación que en circunstancias de adversidad o de gran incertidumbre son tan habituales.

Es extraordinario estar en un estado de ondas cerebrales alfa llevando a nuestro cerebro a fortalecer nuestra inspiración y fluir de una manera creativa e innovadora. En personas que padecen fibromialgia, depresión o ansiedad se pueden evidencias alteraciones del patrón de las ondas alfa, perdiéndose la sincronía. 

Como se evidencia en algunos estudios, hay alteraciones en pacientes con trastorno depresivo mayor en el electroencefalograma, con alteraciones de las ondas Alfa y Theta, que pueden estar relacionadas con disfunciones en la capacidad emocional e inclusive con una respuesta inadecuada con el uso de tratamiento farmacológico.

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Aprendí unas grandes lecciones al conversar con Morris, un ingeniero especializado en nanotecnología, quien reside en un lugar donde las temperaturas en invierno llegan hasta -30 grados y ha estudiado cómo los pensamientos y las emociones pueden afectar nuestra mente y modificar nuestra realidad. Una de tantas es que el tiempo y el espacio son creaciones limitantes del ser humano, y no son las circunstancias de la vida las que generan ansiedad, angustia o depresión, sino como tú las percibes y reaccionas frente a ellas, lo que define tu vida y crea tu realidad, y me dio algunas claves para mejorar las ondas cerebrales alfa y encontrar el bienestar perdido.

¿Cómo aumentar nuestras ondas cerebrales alfa?

Las maneras de conseguir un estado de bienestar y recuperar un equilibrio en nuestro entorno pueden ser difíciles, sin embargo tenemos recursos y herramientas que nos ayudan en la cotidianidad, ¿y sabes? No tienen costo. Podemos respirar profundamente y centrarte en esta, practicar el mindfulness, realizar yoga, usar el poder de la mente para visualizar o soñar despiertos,  escuchar música binaural, que estimula la relajación, o la música barroca.

El brillo rosado tenue de la ventana mutó a un blanco brillante por la presencia de unos pequeños copos de nieve que golpearon con esta, y rápidamente comprendí que, como dijo en una ocasión J.R.R Tolkien: “Ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos”.

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