Por Juan Camilo Botero, Sintonía de Vida

Era una mañana de verano en la que contemplaba el sol que se veía a lo lejos o inclusive si alguien lo siente de cerca, como quiera divisarlo y percibirlo, sin embargo, al fin y al cabo, es el sol, una estrella que nos da vida, calor y esperanza. Recordé un pintor que mi padre admiraba, Edward Hopper, y su cuadro en el que una mujer ve al infinito por una ventana con una mirada de melancolía, sus manos entrecruzadas como un nudo que no se desata, a la distancia una fábrica con ladrillos de color naranja que absorbe toda la energía del firmamento, atenuando los sueños de la Hemera, la mujer que espera entre la luz y las sombras.

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Estaba dichoso, esperando a mi padre, quien regresaba de su trabajo en su Dodge modelo 79 para dirigirnos al mar. En mi cuerpo las endorfinas se expandían consiguiendo un estado de felicidad y bienestar.

Profundicemos sobre las endorfinas

Las endorfinas u opiáceos endógenos, llamadas también las moléculas de la felicidad, son la pócima para el bienestar. Tienen propiedades similares a los opioides, ralentizan y calman el dolor físico y emocional, provocando sensaciones de tranquilidad y de satisfacción, entendiendo que si están ausentes o disminuidas pueden presentarse síntomas de ansiedad o depresión.

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Fueron descubiertas en 1975 por la doctora Candace Pert, al hacerse una maravillosa pregunta: ¿por qué el cerebro estaba provisto de receptores de la morfina, un potente opiáceo que no se encuentra en el organismo de forma natural? 

Son neuropéptidos que se sintetizan en la hipófisis, con una vida media muy corta y una función similar al opio, que se encargan de activar zonas cerebrales para producir placer, bienestar, alegría y euforia.

En un estudio muy interesante se evidencia cómo los diferentes neurotransmisores, entre ellos las endorfinas, gestionan los estados de buen humor y de felicidad para generar motivación y flexibilidad en nuestras vidas. 

Las funciones más importantes de las endorfinas

  • Facilitan el deseo sexual y la vinculación junto con la oxitocina para generar relaciones de bienestar.
  • Refuerzan y fortalecen el sistema inmune para afrontar circunstancias adversas.
  • Inhiben el dolor al darnos un golpe o presentar alguna herida para preservar la vida.
  • Disminuyen el dolor emocional en situaciones de estrés y ansiedad.

Estaba en una silla de madera que notaba algunas grietas por el paso del tiempo. Mi madre me acompañaba, y a su lado derecho una maleta violeta revelaba que un viaje se acercaba. Un gato azul que no está triste, impreso en mi mochila con una gran sonrisa, sustrae de un bolsillo blanco una libélula que vuela lejos, muy lejos. Lo observo con mi imaginación e interpreto que la vida revolotea y se alza más allá de nuestra realidad.

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Viajamos toda la noche, cuando los ruidos se aquietan y la luz es más brillante. Conocía el mar en las revistas y programas de televisión de un reconocido presentador con apellido de fruta y donde su mundo se mantenía en vuelo. Dormí todo el recorrido, soñé con paisajes oníricos, palmeras gigantes, atardeceres volátiles y el mar de un azul profundo.

¿Y sabes cómo puedes aumentar de forma natural las endorfinas?

Disfrutar de la playa, caminar por la arena, hacer ejercicio y salir al campo nos conecta con la naturaleza y nos produce felicidad, cumplir un objetivo, escuchar la música que te gusta y te apasiona, mantener una adecuada higiene del sueño, reír con fuerza y entusiasmo a carcajadas, las caricias, los masajes y los abrazos producen intimidad y el preámbulo de una relación sexual satisfactoria, tratamientos complementarios como la acupuntura o  la realización de mindfulness son útiles como una terapia para modular el dolor, como lo demuestra el estudio publicado por Haggai Sharon.      

Velozmente me bajé del carro. Mis pies descalzos tocaron suave y calmadamente unos granitos diminutos y una suave corriente de agua golpeó mis dedos y, como una gran ola de calma, saludé al inmenso color azul que se perdía en el infinito.

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